Ante la presencia de un factor estresante (una mudanza, una pelea con tu pareja, demasiadas responsabilidades laborales, un atasco…) nuestro cuerpo libera una serie de sustancias que activan el “estado de alerta”, lo que conocemos comúnmente como estrés. Si una vez desaparecido el factor estresante, es decir, aquello que nos produce estrés, este estado continúa, entonces hablamos de ansiedad.

Comúnmente podemos hablar de nerviosismo, tensión, intranquilidad… y algunos de los síntomas más comunes, que nos indican que debemos pedir ayuda profesional son dolores de cabeza, nerviosismo sin razón aparente o alargado en el tiempo, mala memoria, diarrea o estreñimiento, falta de energía y concentración, cuello y/o mandíbula rígidos, malestar de estómago, pérdida o aumento de peso, problemas para dormir o dormir más de lo habitual.

En la sociedad actual parece que la ansiedad ha pasado a formar parte de nuestro día a día, el trabajo, el vivir rápido, siempre mirando el reloj… Sin darnos cuenta de lo que supone para nuestra salud. No podemos cambiar tu situación, pero sí podemos cambiar la manera en la que la afrontes. Existen técnicas para reducir el estrés que te ayudarán a desafiar a tu día a día de una manera mucho más tranquila y positiva.