Para que aparezca lo que conocemos como trauma se tiene que dar una exposición directa a un acontecimiento que signifique una amenaza real para el individuo, es decir, un acontecimiento que la persona lo percibe como realmente duro, importante, amenazador, que le causó un daño muy fuerte y que, por diferentes razones, no llegó a superar. Es el terror que vive el paciente en el momento donde su vida está en peligro y que tiene una serie de consecuencias posteriores que no llega a superar, que pueden alargarse en el tiempo y modificar la conducta y las respuestas de la persona durante el resto de su vida.

Existen métodos novedosos y rápidos para trabajar los traumas, entre ellos el EMDR, que diferencia entre los llamados “traumas con T mayúscula” (un abuso sexual, vivir un atentado, el ataque de un perro) y los “traumas con t minúscula” ( vivir la separación de tus padres cuando eres pequeño, insultos a lo largo de tu época escolar por parte de tus compañeros, la exigencia excesiva por sacar buenas notas en la universidad, insultos o malas formas de tu pareja…) Las pesadillas, pensamientos recurrentes sobre lo que pasó, flashbacks, ansiedad… son algunos de los síntomas y con un tratamiento personalizado pueden ser superados.