Miedo a hablar en público- Preguntas frecuentes

¿Por qué tengo miedo a hablar en público? ¿Lo superaré? ¿Cuándo tengo que tratarlo? ¿Por qué no lo he superado ya?

Estas son algunas de las preguntas más frecuentes en consulta sobre el miedo a hablar en público. ¿Cuál es el problema? Que no nos entrenamos desde pequeños a hacerlo y llega un momento de adultos que por unas cosas u otras tenemos que enfrentarnos a ello. Ya sea por defender nuestra plaza ante un tribunal para lograr unas oposiciones o bien para dar una conferencia en el trabajo.

Palpitaciones, sudoración, necesidad de tener algo en la mano para “controlar mis nervios”, anticipación de cómo lo haré, ¡qué estarán pensando de mi!…

Aquí hemos contestado las preguntas más frecuentes respecto a por qué tengo miedo a hablar en público. Si tienes alguna otra… ¡solo pregúntanos!

 

1. ¿Cómo sé si tengo miedo a hablar en público?

Hablamos de miedo a hablar en público cuando se ven afectadas 3 dimensiones: cognitivas, motoras y autónomas. 

COGNITIVAS: Con pensamientos del tipo “Diré cosas sin sentido”, “Se van a aburrir de lo que les voy a contar”, “Seguro que se me nota mucho lo nervioso que estoy”, “Me está temblando la voz”, “No voy a aprobar”, “Me voy a quedar en blanco”…

MOTORAS: Escapar de la situación o bien evitarla, siempre que sea posible. Por ejemplo, si tengo una clase donde probablemente vaya a tener que hablar, no acudo, o si es un trabajo en grupo hago lo posible para que sea otro quien lo exponga.

AUTÓNOMAS: Taquicardia, sudación, temblor al hablar, sensación de vacío en el estómago, boca seca, dificultad para tragar.

 

2.  ¿Por qué y cuándo  empecé a tener miedo a hablar en público?

A pesar de que se crea lo contrario, probablemente no has vivido una situación especialmente traumática o humillante por la que tengas miedo a hablar delante de la gente. 

En un porcentaje muy alto aparece a finales de la niñez o en la adolescencia.

¿Por qué? Porque en la adolescencia nos vemos evaluados por nuestros iguales y además generamos discrepancias entre como nos vemos y como creemos que nos ven los demás. Eso hace que veamos las situaciones donde tengo que hablar delante de un grupo como el lugar idóneo para ser evaluado y juzgado. Aquí entran en juego nuestras distorsiones cognitivas, de las que hablaremos en otro momento.

 

3. ¿El miedo a hablar en público se supera haciéndolo muchas veces?

No solo haciéndolo muchas veces se supera.

Está claro que exponiéndonos al estímulo que nos provoca ansiedad nuestro cuerpo reacciona cada vez menos negativamente (siempre que el resultado haya sido bueno claro)

Pero hay otras cosas que podemos hacer que nos ayudan a vencer la ansiedad de hablar en público antes de exponernos. Por ejemplo, durante la preparación de una oposición, no tenemos la obligatoriedad de exponer antes del día del tribunal, por ello será poco probable que lo hagamos, pero sí podemos hacer otras cosas previas a ese día para controlar nuestro cuerpo y dejar a nuestra mente pensar cuando nos estamos jugando esa plaza que tanto hemos trabajado para conseguirla. 

 

 

4. ¿Qué ha facilitado que no se me haya quitado el miedo a hablar en público?

La evitación y el escape son por excelencia las dos conductas que hacen que nuestro miedo a hablar en público continúe. Normalmente evitamos a toda costa hablar en público, y eso en nuestro cerebro actúa de la siguiente manera.

Tengo que hablar en público→me pongo nervioso → evito la situación →me tranquilizo

¿Qué le llega al cerebro?

Que es esa situación la que le perturba, por ello aprenderá que hablar en público no le viene bien y que es mejor evitarla. Pero cada vez que exponemos a nuestro cuerpo a esa aceleración y luego salimos airosos, bien sea porque al final no he dado mi opinión delante del grupo, porque he conseguido que exponga otra persona nuestro trabajo en común o porque he faltado a clase el día que sabía que iba a exponer estamos haciendo ese miedo más grande.

 

5. ¿Cuándo es aconsejable tratar mi miedo a hablar en público?

En psicología decimos que es importante tratar aquello que es desadaptativo.  Desadaptativo es todo aquello que modifica nuestra vida. Y voy a explicarlo con un ejemplo. El miedo a volar para una persona que no le gusta viajar no es desadaptativo (aunque no existiera ese miedo no cogería un avión-no modifica su día a día-) , pero sí lo es para alguien que tiene que coger el avión por trabajo con cierta frecuencia.

Y ¿qué pasa con el miedo a hablar en público? Para algunas personas es más desadaptativo que para otras. Si te estás preparando una oposición donde sí o sí tienes que defender tu examen ante un tribunal o trabajas en una oficina donde tienes que presentar tus proyectos es más desaptativo que para otros, pero pocos nos libramos de tener que hablar en público a lo largo de nuestra vida.

¿Qué hago si mi pareja sufre celos patológicos?

8 consejos si eres “el acusado”

Extinguir los celos es uno de los principales objetivos cuando acuden parejas a nuestras consultas.

En la sociedad de hoy en día, donde todo va rápido, las redes sociales nos permite conocer a mucha gente, podemos estar conectados las 24 horas… las inseguridades aparecen y pueden derivar en celos patológicos.

Cuando existen celos patológicos, la persona piensa constantemente que su pareja le está siendo infiel. Intenta revisar su móvil, encontrar indicios en la ropa o en su olor, está pendiente de sus horarios, cambios de conducta, llamadas… Lo que provoca en el acusado, una gran tensión y miedo a la reacción del otro e incluso a veces un gran sentimiento de culpa aún cuando no es cierto.

La definición de celos es la amenaza hacia algo o alguien que consideras de tu propiedad. Los celos patológicos, están basados en un pensamiento irracional delirante, una creencia falsa basada en una explicación incorrecta de la realidad, pero es una creencia que se sostiene con firmeza a pesar de no tener evidencias o pruebas que así lo demuestren. Por ello en este caso el problema no son solo los celos en sí mismos, si no el delirio de engaño que hay detrás. Por ejemplo, hablamos de celos cuando siento un malestar si te veo hablando con tu compañero/a de trabajo, y hablamos de celos patológicos cuando si llegas tarde me imagino que has estado en la cama con él/ella (Ahí hay una inferencia inventada, un delirio sin pruebas) Ambos nos hacen sentir muy mal y afectan negativamente a la pareja, pero son los celos patológicos los más complicados.

Dadas ciertas situaciones tales como:

-No me coge el teléfono

-Llega tarde de trabajar

-Se ha arreglado más de lo normal

-No quiere salir hoy conmigo

 

La persona que sufre de celos patológicos verá estas situaciones como pruebas claras que demuestran que su pareja le está siendo infiel, cuando en realidad hay decenas de explicaciones alternativas a cada una de esas conductas.

Si te sientes identificado y estás con una persona que sufre celos patológicos, sigue leyendo, te daré algunas pautas de cómo abordar el problema y mejorar la situación.

1.COMUNÍCATE: Como siempre, la comunicación juega un papel fundamental. Pregúntale por qué se siente así, a qué le tiene miedo, explícale que no vas a ser infiel y que debe creerte. Pregúntale si alguien le ha herido antes, deja que se abra e intenta entenderle.

2.EMPATIZA: La persona celosa lo pasa realmente mal. Aunque para ti sea una “tontería” la otra persona está sufriendo mucho. Imagina que esa persona está viendo indicios reales de tu infidelidad y la emoción que siente es muy intensa.

3.EXPLÍCALE CÓMO TE HACE SENTIR A TI: Que entienda que tú tampoco lo estás pasando bien con esos celos. Cuéntale cómo te sientes y lo difícil que es estar con alguien que no confía en ti.

4.EXTINGUE CONDUCTAS: Todas las conductas que se pongan en marcha como los enfados, rabietas, gritos, llamadas impulsivas… No respondas a ellos ni intentes dar explicaciones o hablarlo en el momento. Si respondemos a las llamadas o a los comentarios agresivos, solo conseguiremos que vuelvan a repetirse en el futuro y empeoraremos la situación en el presente.

5.NO OCULTES INFORMACIÓN: Ni mientas por miedo a la reacción de nuestra pareja. Muchas veces para evitar una discusión disfrazamos la verdad, ocultamos información o directamente mentimos. Pero no ayudamos a la relación ni a la otra persona.

6. NO PARTICIPES EN LAS CONDUCTAS DE CONTROL: Si te pide que borres una red social, que llames justo al salir del trabajo o mandes un mensaje cada hora, no accedas a ellos, estarás reforzando sus celos.

7. REPÍTELE Y EXPLÍCALE que puede confiar en ti. Que le ayudarás a ello pero que no puedes aceptar su comportamiento celoso. Con firmeza pero con cariño pídele el cambio.

8. ANIMA A ESA PERSONA A BUSCAR AYUDA PROFESIONAL: Para sanar su herida y aprender a vivir sin esa emoción tan dolorosa.

Se ha enfadado conmigo, lo sé. Pero, ¿por qué?

“Notas que un compañero de trabajo no te ha saludado como siempre. Piensas que debe estar enfadado contigo, empiezas a darle vueltas. Habré hecho algo que le haya sentado mal, seguro. No sé que podrá haber sido, pero mejor no le pregunto ¡Si algo le ha sentado mal que me lo diga! Ahora seguro que está pensando que es muy incómodo seguir trabajando juntos teniendo esta mala relación y seguro que se lo cuenta a los demás y acabarán pensando como él. Tendría que haber tenido más cuidado con mi manera de ser y actuar en el trabajo”

Si leyendo esto te has sentido en algún momento identificado… cometes lo que los psicólogos llamamos lectura de pensamiento. Una interpretación de la realidad donde creemos saber qué está pensando el otro. Interpretaciones de las situaciones que nos llevan a actuar de una determinada manera alterando nuestro estado de ánimo.

La lectura del pensamiento (creer tener la capacidad de valorar lo que el otro está pensando y hacer conjeturas en función de ello), es uno de las distorsiones cognitivas más comunes y afectan a nuestro comportamiento y estado de ánimo y por ende a nuestra relación con las personas que nos rodean.

¿Cómo actúa tu cerebro cuando hace un análisis erróneo sobre el otro?

Retrayéndose o contraatacando. Es decir, puede tomar distancia, alejarse de aquel que “le ha hecho daño”, mezclado con vergüenza y culpabilidad o bien, actuar a la defensiva, tomárselo como un ataque del que me tengo que defender. En ambos casos se ve afectada la relación con el otro y tu propio bienestar.

Ahora piensa, ¿puede ser que tu compañero simplemente tenga un mal día?, ¿quizás te ha saludado como cada mañana pero eres tú el que lo has analizado de manera diferente? ó ¿simplemente llevaba prisa?

 

¿Por qué nos pasa?

Porque a tu cerebro le llegan millones de estímulos diarios y aprende atajos para no tener que procesar todos ellos. Imagina lo cansado que sería para tu cerebro tener que procesar y dar una explicación a cada una de las situaciones, estaría cada momento evaluando la situación. Entonces, aprende "atajos" que de manera automática explican ciertas situaciones. Aprende algo así como unos patrones de comportamiento que saltan de manera automática e inconsciente. Y he aquí el problema, al ser automáticos se disparan sin ser procesados y al ser inconscientes, no nos damos ni cuenta. Por eso de repente nos vemos enfadados con nuestro compañero de trabajo pero sin que haya pasado realmente nada. De entre los numerosos atajos cognitivos que hay, uno de ellos es la lectura del pensamiento.
 

¿Qué puedo hacer para evitar este atajo?

¡El saber que existe ya es un gran paso! Aprende a identificarlo. Ahora tu cerebro tiene que "desaprender" y ganar en flexibilidad de pensamiento, seguridad y asertividad. Hay que entrenarle a dar un paso atrás y valorar si realmente la conclusión que hemos sacado ha sido la correcta o solo una hipótesis. Si tenemos datos suficientes para asegurar que ese compañero de trabajo está molesto, ¿y que mejor forma que preguntando?

Autoestima baja ¿Te identificas? Entonces es hora de trabajar

Cada día vienen a consulta personas con diferentes problemáticas que tienen algo en común: AUTOESTIMA BAJA. Nuestra genética, la educación que nos han dado, lo que hemos vivido, los mensajes de la sociedad… todo ello le da forma a nuestra autoestima, y cuando ésta es baja, toda nuestra vida parece no funcionar.

 

A continuación te cuento 10 de los rasgos más comunes que definen una autoestima baja. Si te sientes identificado con ellos, es momento de ponerse en marcha y empezar a trabajar en ella.

  1. Te sientes culpable cuando te equivocas o cometes un error. Te machacas con la idea de que podrías haberlo hecho mejor. Revives la situación y piensas en otras maneras en las que podrías haber actuado.
  2. Te ponen tenso las nuevas situaciones. No te gusta la novedad, cuando algo se sale de lo que sueles hacer en tu día a día te sientes incómodo. Intentas evitar los cambios y cuando no te queda más remedio los afrontas con miedo o inseguridad.
  3. También conocer a nuevas personas te pone tenso. Llegar a un grupo nuevo donde no conoces a nadie. Le das vueltas al qué dirán, que opinión tendrán sobre ti, si lo que estás diciendo parecerá una tontería…
  4. Te cuesta decir NO. Antepones las necesidades de los demás a las tuyas propias. Te cuesta decir que no cuando alguien te pide un favor. A veces dejas incluso de hacer tus obligaciones o cubrir tus necesidades por ayudar o agradar a los demás.
  5. Necesitas la aprobación de los demás para seguir adelante. Si te compras algo nuevo de ropa, necesitas que alguien te diga lo bien que te queda, si tienes que tomar una decisión, pides una segunda opinión a alguien cercano.
  6. Te sientes incómodo al hablar de tus logros. Parece que te sientes más a gusto hablando de tus fallos y errores que de tus propios logros. Además tienes a explicar tus aciertos con algo externo (“le caí en gracia al entrevistador”) y tus errores a algo que solo depende de ti (“normal que no me cogieran en la entrevista, tengo poca experiencia”)
  7. No te sientes libre al expresar tu opinión o sentimientos. Esperas a que otros den su punto de vista para saber si coincide o no con la tuya. Te cuesta expresar tus sentimientos más sinceros y hablar sobre ti y tus necesidades.
  8. Deseo excesivo de complacer o agradar. Tienes miedo a no gustar. Te preocupa lo que piensen los demás sobre ti. Intentas ser amable, no entrar en conflicto, haces favores a todo el mundo y además, te cuesta pedirlos.
  9. Muy sensible a la crítica, lo que hace que busques constantemente “de quien es la culpa”. Puede darse de dos maneras, la primera achacando los errores a la incopetencia de otras personas, culpándoles de la situación, la segunda, culpándote a ti mismo en exceso.
  10. Tendencia depresiva. Debido a tu negatividad generalizada, tiendes a tener una visión catastrófica de las cosas.

Si te has sentido identificado con la mayoría de estas situaciones, te animamos a ponerte en marcha y empezar a trabajar para aumentar tu autoestima.  La confianza en uno mismo es la base del éxito en todos los ámbitos de nuestra vida, de ahí que sea tan importante. Si no nos aceptamos , el resto de facetas de nuestra vida no funcionarán.

Y sobre todo recuerda, SÍ puedes.

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“Ya no puedo más, todo me sale mal”- Los 7 signos de alarma

“Todo sale mal”, “Ya no aguanto más”, “No hay nada que vaya bien”, “No puedo con todo esto”, “Esta ya es la gota que ha colmado mi vaso”, “Tengo que cambiar mi vida, pero, ¿por dónde empiezo?”… Todos hemos pasado alguna vez por una racha donde estos son los principales pensamientos que dan vueltas en nuestra cabeza. El problema comienza cuando viene para quedarse y nos acostumbramos a vivir con ello.Nos hacemos muchas preguntas. ¿Podré superarlo?, ¿Cambiará mi situación?, ¿Volveré a ser feliz? Pues la respuesta es ¡SÍ, POR SUPUESTO!

 

7 signos que indican que algo falla.

1- Insomnio.
Si te despiertas por la noche agitado o directamente no puedes dormir. Parece que la cama es el lugar perfecto para darle vueltas a las cosas, pensar en todo aquello que tienes que hacer, lo que deberías haber hecho o simplemente evaluar lo mal que te va todo.

2- Incapacidad de sentir placer.
Ya nada te motiva, todo aquello que antes solía gustarte a dejado de hacerlo. Todo son obligaciones y ya nada te hace feliz.

3- Sensación de agitación constante.
Dolor en el pecho, como si tuvieras algo dentro que no para de molestarte, contracturas especialmente en el cuello, rigidez muscular, palpitaciones.

4- Estómago cerrado o demasiado abierto.
El apetito siempre se ve afectado cuando tenemos un problema psicológico de este tipo, bien sea por pérdida o aumento de apetito.

5- Sensación de cansancio constante.
El dormir mal y estar siempre agitado, pensando continuamente, hace que no descansemos adecuadamente y que nuestra energía esté bajo mínimos. Lo cual hace que nuestro rendimiento sea cada vez menor y empeore la situación.

6- Despiste o pérdida de memoria.
Dificultad para centrarte. No sabes donde has dejado las llaves o lo que tenías pensado hacer. No consigues concentrarte en nada, estás en otro lado constantemente.

7- Estar a la defensiva.
Vemos todo como un ataque. Estamos esperando que alguien nos conteste mal para reafirmar nuestra hipótesis “no puedo aceptar que me hable así de mal” Te sientes irascible, enfadado, con mal humor constante.

Cantidad de pacientes vienen a nuestra consulta con una vida aparentemente perfecta desde el punto de vista de cualquier espectador externo. Trabajo, hijos, casa, un matrimonio feliz, familia, facilidades económicas, o una persona joven, viviendo una vida que muchos desearían, viajando, trabajando, con vida social, independientes… y aún así están superados por las adversidades. Vienen tristes, cabizbajos, con poca motivación y viendo la terapia psicológica como la última opción para mejorar.

Muchas veces solo se trata de agotamiento psicológico. Un cerebro fatigado lleno de “tengo que…” Mensajes continuos de “debería” Días a los que le faltan horas para poder acabar con todo eso que tienen que hacer.

Si te sientes identificado, probablemente sea hora de empezar a trabajar en el cambio, en la percepción de la situación, en la visión de ti mismo y tu vida, en tus valores y motivaciones, en tu gestión emocional y en tu desarrollo personal.

6 cosas por las que deberías practicar Mindfulness hoy mismo

El Mindfulness está de moda, te cuento por qué no deberías dejar para mañana el practicarlo.

1. Ayuda a controlar el estrés y la ansiedad.

Nuestros niveles de cortisol, la hormona del estrés, se reduce cuando practicamos Mindfulness. Ser conscientes de lo que estamos haciendo y acabar con los automatismos reduce esta hormona y por tanto nos libera del estrés y la ansiedad.

2. Aumenta la concentración.

Porque realmente el Mindfulness es eso, centrarnos en el presente. Pensar durante la ducha en el trabajo. Llamar a un amigo mientras deberías estar trabajando. Coger el móvil para responder ese correo electrónico del trabajo mientras estoy con mi amigo. El aprender a centrarte en el momento presente hace que tu concentración y rendimiento mejoren. Los últimos estudios muestran los buenos resultados que está teniendo la práctica del Mindfulness en personas con Trastorno de Atención e Hiperatividad.

3. Te ayuda a conocerte mejor.

El Mindfulness te enseña a gestionar lo que ocurre en tu interior, porque no son las situaciones lo que generan en ti una emoción, si no el análisis que hagas de ellas. Aprender qué mecanismos has utilizado hasta ahora para obtener respuesta de las diferentes situaciones de una manera rápida y aprender a identificarlas hace que te conozcas mejor.

4. Acaba con el insomnio.

El reducir el estrés y la ansiedad y controlar mejor las emociones da como resultado dormir y descansar mejor.

5. Mejora tus relaciones personales.

Si te sientes bien, tranquilo y en paz contigo mismo tus relaciones mejorarán. El Mindfulness te enseña a reducir las respuestas automáticas, a no juzgar y a estar abiertos a otras maneras de pensar y ser consciente de las nuestras, lo que hará que tus relaciones personales sean más saludables.

6. Aumenta tu optimismo y estado de ánimo.

Centrarte en el presente, no juzgar si es bueno o malo, solo estar en el momento actual hace que tu estado de ánimo mejore. Muchas veces lo que nos entristece o nos pone nerviosos es pensar en el futuro y en las expectativas que tenemos de él. Además la sociedad de hoy en día nos presiona para dejar de tener emociones que no sean la felicidad. Las típicas frases de “sé feliz”, “empieza tu lunes con ilusión” y este largo etcétera solo sirven para frustrarnos, porque esta, tristemente, no es la vida real. El Mindfulness nos enseña a darle sentido a estas emociones negativas, sin juzgarlas, simplemente sentirlas y entenderlas, y esto nos libera y aumenta nuestro estado de ánimo.

10 cosas que debes hacer cuando tu hijo es dignosticado con TDAH

Una vez que tu hijo ha sido diagnosticado con TDAH empieza un gran proceso de aprendizaje, tanto para él como para ti. Al principio quizás no sepas muy bien qué es o cómo enfrentarte a él, pero pronto pasarás a ser un gran experto. Aunque conviene que un psicólogo os explique qué debéis hacer en casa, y prepare unas pautas personalizadas para vuestro caso, vamos a repasar algunos consejos que seguro os resultarán de gran ayuda y con los que empezaréis a notar los primeros cambios de comportamiento:

  1. Utiliza mensajes positivos. Refuérzale siempre que haga algo bien, por pequeño que te parezca, seguro que ha significado un gran esfuerzo para él y tenemos que hacérselo saber, para conseguir que se repita en el tiempo. Un simple “¡Qué bien lo has hecho!” o “¡Enhorabuena, lo has hecho genial!” será suficiente.
  2. Evita las frases del tipo “Eres un maleducado” o “Eres un desordenado” Cámbialas mejor por “Tu comportamiento no está siendo el adecuado (y explícale por qué)” o “Tu cuarto está muy desordenado (ofreciéndole la alternativa de que lo arregléis juntos)”
  3. Guarda tiempo para que haga lo que realmente le gusta. Si jugar al fútbol o hacer gimnasia rítmica le gusta… ¡poténcialo!
  4. Dale responsabilidades acordes con su edad, y que vayan aumentando según las va interiorizando en su día a día. Poner la mesa a la hora de la comida, prepararse la mochila para el día siguiente, recoger las cartas del buzón de casa… Anímale a que lo siga haciendo e insiste en lo capaz que es para acabarlo con éxito.
  5. Contabiliza y prémiale por ello. Para lograr el punto anterior puedes dibujar en una cartulina una estrella cada vez que realice la conducta, con el fin de contar al final de la semana cuantas veces lo ha logrado. Por ejemplo, si el objetivo es que ponga la mesa a la hora de la comida, vamos a escribir en una cartulina los días de la semana y dibujamos una estrella cada día que lo haga de la manera en que hayáis pactado que es la correcta, reforzando con palabras positivas cada día que lo hace y, al final de la semana, contaremos el número de estrellas. Si ha conseguido, por ejemplo 5 (esto es acordado con el niño antes de empezar), conseguirá un refuerzo positivo (que aconsejo no sea material), por ejemplo, el sábado por la mañana nos quedaremos una hora más jugando al fútbol o iremos a esa heladería que tanto le gusta el domingo.
  6. Cuando se comporte de manera inadecuada no le prestes demasiada atención, espera a que se calme para hablar con él y explícale por qué no te ha gustado y qué debe cambiar para la próxima vez.
  7. Usa reglas claras y específicas. Una buena técnica es escribirlas en una cartulina y pegarlas en algún sitio donde pueda verlas. Por ejemplo, en el comedor podemos pegar una que diga “Mientras como estoy sentado y tranquilo” (Evitar reglas como, “Compórtate bien mientras comes”, es demasiado general) Cuando le digas qué y cómo debe hacerlo asegúrate de que lo ha entendido, dile que te cuente qué debe hacer.
  8. Crea rutinas y sigue horarios en la medida de lo posible. Cuanto más organizado esté todo mejor.
  9. Ten paciencia, involúcrate en sus actividades, demuéstrale tu cariño y apoyo, motívale, no le grites, explícale todo lo que no entienda, de la manera más sencilla que se te ocurra, no le regañes, no le castigues, ayúdale a mejorar y que no se te olvide que somos el ejemplo a seguir para nuestros pequeños.
  10. Habla con sus profesores. Probablemente el colegio te haya contactado ya o estén al corriente, pero si no es así habla con ellos y cuéntales el diagnóstico. Al fin y al cabo los niños pasan la mayor parte el día en el colegio y es importante que lo sepan.

 

 

TDAH (Trastorno Déficit de Atención e Hiperactividad)

Ya no recuerdas cuando empezó, no pasó nada en concreto, pero tu hijo ya lleva tiempo haciéndote perder los nervios, en casa dice lo primero que se le ocurre, actúa de manera impulsiva, como si no pensara las consecuencias, no controla, parece que no te escucha, no sigue las normas que le has repetido una y otra vez, como si no te hubieran escuchado o como si ya lo hubieran olvidado, no se fija en lo que está haciendo, está inquieto todo el tiempo, no regula la duración de las tareas, puede estar media hora lavándose los dientes o querer acabar los deberes en cinco minutos, vive muy intensamente tanto las emociones positivas como las negativas. Se frustra rápidamente cuando algo no le sale bien pero siente una inmensa alegría cuando descubre algo nuevo.

Probablemente el colegio ya te ha contactado, se habla de que es un niño inquieto, que no obedece, no escucha a los profesores, no se toma en serio las tareas, golpetea la mesa, se retuerce en la silla, se levanta en mitad de la lección, habla o grita en exceso, parece que no le interesa nada de lo que ahí suceda, se enfada y pierde el control… ¡Que no cunda el pánico! Es posible que tu hijo sea diagnosticado con TDAH o Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad. Cada vez se escuchan más estas siglas, muchos hablan de este trastorno, pero a ti te vienen muchas dudas… ¿qué significa?, ¿es grave?, ¿va a mejorar o va a empeorar con el tiempo? Pasemos a hablar un poco de lo que es el TDAH o el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad.

Lo primero de todo el diagnóstico debe ser realizado por un especialista. Es cierto que el número de casos es cada vez mayor, y algunos piensan que es una manera de etiquetar a los niños inquietos de antes. Pero los padres que viven con un pequeño con TDAH probablemente noten bien la diferencia.

Ante todo hay que normalizar la situación. No buscar culpables, ¡porque no existen! Es importante que se empiece a trabajar lo antes posible. Hoy en día se sabe mucho sobre este trastorno, papás y niños aprenderán con el tiempo como enfrentarse a él. Cuanto antes se interiorice la manera de trabajar con un niño con este trastorno mejores resultados en un período más corto de tiempo conseguiremos. ¿Qué consecuencias tiene en su día a día? Pierde con frecuencia el material escolar, cuando le preguntas por sus lápices, libros o incluso sus gafas no tendrá ni idea de cuando los vio por última vez. A veces puede resultar frustrante, como si no te estuviera tomando en serio, pero piensa que igual de frustrante es para él, los castigos o regañinas no sirven de nada, ayúdale, no le grites o le repitas las cosas una y otra vez, solo va a generar malestar y nerviosismo en ambos. Probablemente los deberes o todo lo que suponga tener que estar concentrado durante un período largo de tiempo le resulte imposible, así que inventará una y mil excusas para retrasar el momento de sentarse a hacer las tareas del colegio o ver una película que no le interese. Cuando esté hablando contigo se despistará con cualquier cosa, tendrás la sensación de que no quiere escucharte, que está en su mundo, que no le interesa lo que le estás contando, pero de verdad, no le culpes.

Una vez que entendemos el trastorno, que sabemos que nadie tiene la culpa, que tenemos que ser un equipo que trabaje junto, que debemos entender a nuestro hijo, apoyarle y darle cariño. Ahora es hora de seguir las directrices que marque el especialista.

 

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