Estrés / Ansiedad Generalizada

  • Conoce a Alejandra

    • Alejandra tiene 32 años. Viene a consulta asustado porque el otro día, mientras viajaba en el metro cómo cada mañana, empezó a sentir palpitaciones, dificultad para respirar, empezaron a temblarle las manos y un miedo terrible le invadió. Al principio pensó que le estaba dando un ataque al corazón. Salió como pudo del vagón, subió las escaleras y cuando estaba en la calle llamó a su madre para que le llevara al hospital. Allí le dijeron que lo que le había ocurrido era un ataque de ansiedad. Desde entonces tiene miedo a que le vuelva a ocurrir. Lo pasó tan mal que hace todo lo posible para evitar lugares y situaciones en las que piensa que puede volver a sucederle. Queda solo con gente de confianza, evita espacios cerrados o con mucha gente, intenta ir andando o en autobús…  Las últimas le ha sido complicado dormir bien, justo cuando se va a la cama empieza a agobiarse y a veces tiene que levantarse para estar más tranquilo. Al despertarse, se siente vulnerable, y el pensamiento de tener que enfrentarse a todas las horas del día le parece complicado, siente que será incapaz de sobrellevar un día más.

depresión

En nuestras conversaciones del día a día confundimos con frecuencia el estrés con la ansiedad. Lo primero que tenemos que aprender es la diferencia entre ellas. Ante la presencia de un factor estresante (una mudanza, una pelea con tu pareja, acabar ese maldito trabajo de fin de máster, demasiadas responsabilidades laborales, un atasco…) nuestro cuerpo libera una serie de sustancias que activan el “estado de alerta”, lo que conocemos comúnmente como estrés. Si una vez desaparecido el factor estresante, es decir, aquello que nos produce estrés, este estado continúa, entonces hablamos de ansiedad.

 

Comúnmente podemos hablar de nerviosismo, tensión, intranquilidad… y algunos de los síntomas más comunes, que nos indican que debemos pedir ayuda profesional son dolores de cabeza, nerviosismo sin razón aparente o alargado en el tiempo, mala memoria, diarrea o estreñimiento, falta de energía y concentración, cuello y/o mandíbula rígidos, malestar de estómago, pérdida o aumento de peso, problemas para dormir o dormir más de lo habitual.

 

En la sociedad actual parece que el estrés y la ansiedad ha pasado a formar parte de nuestro día a día. El trabajo, el vivir rápido, querer hacer decenas de cosas a la vez, ser productivos, siempre mirando el reloj, la búsqueda de una felicidad que parece que nunca llega… Sin darnos cuenta de las consecuencias que supone en nuestra salud. 

 

En el trastorno de ansiedad generalizada no se teme nada concreto, pero a la vez todo te da miedo. Estás en estado de alerta casi las 24 horas del día. Tienes miedo a que les pase algo a tus seres queridos, a tener un accidente, miedo a enfermar, o preocupaciones por las pequeñas cosas del día a día. Es algo así como si estuvieras entrenado para buscar todos los posibles peligros y eso no te deja estar tranquilo.

 

Desde la psicología, por supuesto, no podemos cambiar tu situación, pero sí podemos cambiar la manera en la que la afrontes. Existen técnicas para reducir el estrés que te ayudarán a desafiar tu día a día de una manera mucho más tranquila y positiva.

 

Trastornos del sueño:

 

Por desgracia casi cualquier trastorno psicológico afecta al sueño. Las preocupaciones, el estrés, las fobias, los problemas de pareja … 

 

Tener un sueño reparador es importante para levantarte de buen humor y enfrentarte a tu día a día con la energía suficiente. Tanto la falta como el exceso de sueño es un indicador de que algo no va del todo bien, así que si te cuesta conciliar el sueño, te despiertas durante la noche, al despertar sientes que no has descansado o duermes más horas de lo habitual, es conveniente que acudas a un especialista para conocer el por qué y comenzar un tratamiento adecuado.

 

Son muchos los pacientes que vienen a consulta contándonos que para dormir necesitan una pastilla. Comentan que sin ella es imposible conciliar el sueño. Es una necesidad básica del ser humano y hemos normalizado el tener que tomar algo artificial para poder acceder a él. 

 

El sueño reparador es uno de los requisitos para gozar tanto de una buena salud física como psicológica y su falta puede esconder otras patologías, por ello debemos darle la importancia que merece y deberíamos dejar las pastillas solo para momentos puntuales sin que se vuelva un requisito indispensable para poder conciliarlo.

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