Fobias y Miedos

  • Conoce a Esperanza

    • Esperanza, de 33 años, vino a consulta angustiada y con un objetivo claro: Perder su miedo a volar. Miedo que siempre había estado ahí pero que nunca le había molestado, ya que se había buscado la manera de no coger ningún avión. Se excusaba a ella misma diciendo que las vacaciones si eran en coche mucho mejor y que total, para qué irse lejos si lo que tenía cerca era igual de bonito. Pero ahora había empezado a trabajar como ingeniera en una gran empresa, y eso requería viajar al menos dos veces al año a Alemania, con lo que no tenía más opciones que volar. Nos contaba que solo pensar en volar le provocaba taquicardia, sensación de manera, le temblaban las piernas y de repente aparecía un gran nudo en su estómago. Se sentía tan vulnerable que solo quería huir.

Las fobias son una respuesta en forma de ansiedad ante miedos irracionales (un avión, un perro, una aguja…) que impiden a la persona exponerse al estímulo en cuestión, con mayor o menor repercusión en su vida según qué sea aquello que teme y qué circunstancia tenga. Es decir, tener fobia a volar repercute de manera diferente a un ejecutivo que por su trabajo tiene que coger un avión con relativa frecuencia que a otra persona que pueda evitar este medio de transporte. El miedo a volar, a ciertos animales, a conducir, o por ejemplo, al dentista, son lo que llamamos fobias simples, pero existen otras, las complejas, que incapacitan aún más la vida diaria de la persona que las padece.

 

Por ejemplo la fobia social, caracterizada por el pánico a ser juzgado, a enfrentarse a un grupo numeroso de personas desconocidas o a hablar en público, presentando taquicardia, tensión muscular, malestar gastrointestinal, sudoración, náuseas, sequedad de la boca, confusión y desorientación, escalofríos y sensación de falta de aire las cuales hacen que el individuo evite toda situación social, aislándose cada vez más.

 

Otra fobia muy común e incapacitante es la agorafobia, con la cual el paciente evita lugares públicos y teme estar fuera de casa, donde no pueda tener el control total de la situación. Por ejemplo, evitará los teatros, cines, supermercados, medios de transporte… 

 

La gravedad de una fobia depende de en qué grado modifica tu día a día.

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