Cuando un niño es diagnosticado con Trastorno Déficit de Atención e Hiperactividad, os suele llenar de dudas. Venís a consulta asustados, con muchas dudas y preguntas, planteándoos el eterno conflicto entre medicación sí, medicación no.

A las pocas semanas os volvéis unos auténticos expertos en la materia. Leéis, preguntáis y comenzáis a aprender a una velocidad exagerada.

Ahora vamos a rebobinar, y contar al resto del mundo cómo llegasteis hasta ahí.

Tu hijo ya lleva tiempo haciéndote perder los nervios, en casa dice lo primero que se le ocurre, actúa de manera impulsiva, como si no pensara las consecuencias.

No controla, parece que no te escucha, no sigue las normas que le has repetido una y otra vez, como si no te hubiera escuchado o como si ya lo hubiera olvidado.

No se fija en lo que está haciendo, está inquieto todo el tiempo, no regula la duración de las tareas, puede estar media hora lavándose los dientes o querer acabar los deberes en cinco minutos.

Vive muy intensamente tanto las emociones positivas como las negativas.

Se frustra rápidamente cuando algo no le sale bien pero siente una inmensa alegría cuando descubre algo nuevo.

Probablemente el colegio ya te ha contactado, se habla de que es un niño inquieto, que no obedece, no escucha a los profesores, no se toma en serio las tareas, golpetea la mesa, se retuerce en la silla, se levanta en mitad de la lección, habla o grita en exceso, parece que no le interesa nada de lo que ahí suceda, se enfada y pierde el control…

¡Que no cunda el pánico!

Alguien te dice que cabe la posibilidad de que tu hijo sea diagnosticado con TDAH o Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad. Cada vez se escuchan más estas siglas, muchos hablan de este trastorno, pero a ti te vienen muchas dudas…

¿Qué significa?, ¿es grave?, ¿va a mejorar o va a empeorar con el tiempo?

Te suena, ¿verdad?

Pasemos a hablar un poco de lo que es el TDAH o el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad.

Lo primero de todo el diagnóstico debe ser realizado por un especialista.

Habla con el orientador/a del colegio. Mediante una serie de métodos te indicará si es o no conveniente acudir al neurólogo.

Es cierto que el número de casos es cada vez mayor, y algunos piensan que es una manera de etiquetar a los niños inquietos de antes. Pero los padres que viven con un pequeño con TDAH probablemente noten bien la diferencia.

Ante todo hay que normalizar la situación.

No buscar culpables, ¡porque no existen!

Es importante que se empiece a trabajar lo antes posible. Hoy en día se sabe mucho sobre este trastorno, papás y niños aprenderán con el tiempo como enfrentarse a él.

Cuanto antes se interiorice la manera de trabajar con un niño con este trastorno mejores resultados en un período más corto de tiempo conseguiremos. Puedes pinchar aquí para saber qué hacer desde casa.

¿Qué consecuencias tiene en su día a día?

Pierde con frecuencia el material escolar, cuando le preguntas por sus lápices, libros o incluso sus gafas no tendrá ni idea de cuando los vio por última vez.

A veces puede resultar frustrante, como si no te estuviera tomando en serio, pero piensa que igual de frustrante es para él. Los castigos o regañinas no sirven de casi nada. Ayúdale, no le grites o le repitas las cosas una y otra vez, solo va a generar malestar y nerviosismo en ambos.

Probablemente los deberes o todo lo que suponga tener que estar concentrado durante un período largo de tiempo le resulte imposible, así que inventará una y mil excusas para retrasar el momento de sentarse a hacer las tareas del colegio o ver una película que no le interese.

Cuando esté hablando contigo se despistará con cualquier cosa, tendrás la sensación de que no quiere escucharte, que está en su mundo, que no le interesa lo que le estás contando, pero de verdad, no le culpes.

Una vez que entendemos el trastorno, que sabemos que nadie tiene la culpa, que tenemos que ser un equipo que trabaje junto, que debemos entender a nuestro hijo, apoyarle y darle cariño.

Ahora es hora de seguir las directrices que marque el especialista.

Los niños con TDAH mejoran mucho cuando se crea una buena rutina y se trabaja desde los diferentes ámbitos. No le tengas miedo al TDAH, es una oportunidad para empezar a ponernos las pilas y trabajar en ello.

Los inicios del TDAH (Trastorno Déficit de Atención e Hiperactividad)

¿Qué consecuencias tiene en su día a día?

Pierde con frecuencia el material escolar, cuando le preguntas por sus lápices, libros o incluso sus gafas no tendrá ni idea de cuando los vio por última vez.

A veces puede resultar frustrante, como si no te estuviera tomando en serio, pero piensa que igual de frustrante es para él. Los castigos o regañinas no sirven de casi nada. Ayúdale, no le grites o le repitas las cosas una y otra vez, solo va a generar malestar y nerviosismo en ambos.

Probablemente los deberes o todo lo que suponga tener que estar concentrado durante un período largo de tiempo le resulte imposible, así que inventará una y mil excusas para retrasar el momento de sentarse a hacer las tareas del colegio o ver una película que no le interese.

Cuando esté hablando contigo se despistará con cualquier cosa, tendrás la sensación de que no quiere escucharte, que está en su mundo, que no le interesa lo que le estás contando, pero de verdad, no le culpes.

Una vez que entendemos el trastorno, que sabemos que nadie tiene la culpa, que debemos entender a nuestro hijo, apoyarle y darle cariño.

Ahora es hora de seguir las directrices que marque el especialista.

Los niños con TDAH mejoran mucho cuando se crea una buena rutina y se trabaja desde los diferentes ámbitos. No le tengas miedo al TDAH, es una oportunidad para empezar a ponernos las pilas y trabajar en ello.