Cuando la tristeza no es depresión

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Cuando la tristeza no es depresión

Hay momentos en la vida donde estamos tristes, decaídos, sin ganas. Todo nos da pereza, todo supone un sobreesfuerzo, el apetito se esfuma o por el contrario parece que por más que comamos nunca nos saciamos. Dejas de sentir placer y solo quieres descansar. No siempre estamos hablando de depresión. A veces es solo desgaste emocional. Si te sientes identificado, sigue leyendo.

“Todo sale mal”.“Ya no aguanto más”. “No hay nada que vaya bien”. “No puedo con todo esto”. “Esta ya es la gota que ha colmado mi vaso”. “Tengo que cambiar mi vida, pero, ¿por dónde empiezo?”… Todos hemos pasado alguna vez por una racha donde estos son los principales pensamientos que dan vueltas en nuestra cabeza. El problema comienza cuando viene para quedarse y nos acostumbramos a vivir con ello.Nos hacemos muchas preguntas. ¿Podré superarlo?, ¿Cambiará mi situación?, ¿Volveré a ser feliz? Pues la respuesta es ¡SÍ, POR SUPUESTO!

7 signos que indican que algo falla.

1- Insomnio.
Si te despiertas por la noche agitado o directamente no puedes dormir. Parece que la cama es el lugar perfecto para darle vueltas a las cosas, pensar en todo aquello que tienes que hacer, lo que deberías haber hecho o simplemente evaluar lo mal que te va todo.

2- Incapacidad de sentir placer.
Ya nada te motiva, todo aquello que antes solía gustarte a dejado de hacerlo. Todo son obligaciones y ya nada te hace feliz.

3- Sensación de agitación constante.
Dolor en el pecho, como si tuvieras algo dentro que no para de molestarte, contracturas especialmente en el cuello, rigidez muscular, palpitaciones.

4- Estómago cerrado o demasiado abierto.
El apetito siempre se ve afectado cuando tenemos un problema psicológico de este tipo, bien sea por pérdida o aumento de apetito.

5- Sensación de cansancio constante.
El dormir mal y estar siempre agitado, pensando continuamente, hace que no descansemos adecuadamente y que nuestra energía esté bajo mínimos. Lo cual hace que nuestro rendimiento sea cada vez menor y empeore la situación.

6- Despiste o pérdida de memoria.
Dificultad para centrarte. No sabes donde has dejado las llaves o lo que tenías pensado hacer. No consigues concentrarte en nada, estás en otro lado constantemente.

7- Estar a la defensiva.
Vemos todo como un ataque. Estamos esperando que alguien nos conteste mal para reafirmar nuestra hipótesis “no puedo aceptar que me hable así de mal” Te sientes irascible, enfadado, con mal humor constante.

Cantidad de pacientes vienen a nuestra consulta con una vida aparentemente perfecta. Trabajo, hijos, casa, un matrimonio feliz, familia, facilidades económicas, o una persona joven, viviendo una vida que muchos desearían, viajando, trabajando, con vida social, independientes… y aún así están superados por las adversidades. Vienen tristes, cabizbajos, con poca motivación y viendo la terapia psicológica como la última opción para mejorar. A veces balbucean la palabra depresión.

Muchas veces solo se trata de agotamiento psicológico. Un cerebro fatigado lleno de “tengo que…” Mensajes continuos de “debería” Días a los que le faltan horas para poder acabar con todo eso que tienen que hacer.

A veces se confunde con depresión. Pero para que ésta exista, se tienen que cumplir los criterios del DSMV (la gran enciclopedia de la salud mental) Y muchas veces no lo hace.

Si te sientes identificado, probablemente sea hora de empezar a trabajar en el cambio, en la percepción de la situación, en la visión de ti mismo y tu vida, en tus valores y motivaciones, en tu gestión emocional y en tu desarrollo personal.



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