Depresión

  • Conoce a Jorge

    • Jorge tiene 50 años, entra en consulta algo avergonzado, contando que lleva unos meses, o quizás años, bastante triste. Se siente apático, ya no disfruta cuando sale con su mujer al cine, no organiza viajes, cuando antes le encantaba, tampoco recuerda la última vez que rió a carcajadas. Explica que no tiene ningún problema concreto pero que parece que lleva consigo algo así como una nube negra que le persigue y no le deja disfrutar de casi nada. Sus familiares y amigos le dicen que se queja demasiado, que todo va bien y que debería ver lo positivo de las cosas, lo que le frustra aún más. A él le encantaría, pero cree no poder hacerlo. Nota que está empezando a volverse testarudo, egoísta y bastante irascible. Todo le molesta y reacciona de manera agresiva ante situaciones que le incomodan. Cada vez se separa más de los suyos y por eso ha decidido venir a consulta.

Los últimos datos de la OMS nos cuentan que más de 300 millones de personas en el mundo tiene depresión.

 

Cuando hay un trastorno de este tipo, a la persona le suele preocupar la apatía o pocas ganas de hacer cosas, hasta aquello que antes le gustaba ha dejado de hacerlo. Ya no le apetece salir con amigos o ir a cenar por ahí, incluso cocinar en casa puede convertirse en un sobresfuerzo. Levantarse por la mañana es más un castigo que otra cosa y enfrentarse a las horas del día suponen unas energías que crees no tener. Todo parece irritarte, estás de mal humor, te enfadas a la mínima, sobretodo con los que tienes cerca. Te sientes vacío, sin ninguna motivación. Te sientes fatigado, como si hubieras estado sin dormir o haciendo muchas cosas todo el día, cuando en realidad solo has estado de la cama al sofá. Quizás hayas tenido ideas suicidas, en mayor o menor medida has podido pensar que tu vida no tiene mucho sentido y así mejor no vivirla. Tanto el sueño como el apetito probablemente estén también afectados, bien porque tienes ganas de comer y dormir todo el día o bien porque el estómago lo tienes cerrado y aunque quieras no puedes dormir. Tu esperanza se ha esfumado, ya no tienes hobbies ni nada (o casi nada) que te haga feliz. Seguramente te sientas culpable. Culpable de estar así, de que los demás te digan qué tienes que hacer pero no hacerlo, ¡qué fácil se ve desde fuera! Todo el mundo habla de la felicidad y de estar alegres, pero a ti te queda muy lejano. 

 

Existen diferentes tipos de depresión, además, dentro de los trastornos del estado de ánimo, también se encuentra, por ejemplo, el Trastorno Bipolar (presencia de períodos de tristeza profunda con otros de alegría extrema o manía).

 

Lo importante es no normalizar los síntomas y pedir ayuda. De la depresión se sale, pero requiere de tiempo y esfuerzo. No tengas miedo a empezar una terapia psicológica, es solo una manera de entrenar a tu cerebro para que se enfrente de diferente manera a tu día a día, de entenderte y conocerte, de cuidarte, valorarte y  tratarte mejor, para acabar de una vez por todas con la depresión.

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